“Hoy importan la juventud y la producción, hay dejación con las personas mayores”

Entrevista en La Nueva España a Teresa Ubalde, psicóloga y responsable de Voluntarios Contra La Soledad realizada por Patricia Martinez en La Nueva España el 30/12/2016.

Teresa Ubalde (Santander, 1964) es licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona y está especializada en terapia infantil y de familia. Forma parte del proyecto “Voluntarios contra la soledad”, promovido por “Tertulias en Llanes” para paliar la situación de soledad de las personas mayores, bien en sus domicilios o en las residencias.

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-Realiza las primeras entrevistas con quienes se interesan por el proyecto, ¿se necesita un perfil específico para acompañar a un mayor solo?

-No es que haga falta un perfil concreto de persona, aunque sí que sea una persona con una cierta sensibilidad y capacidad de llevar las peculiaridades que tiene muchas veces la gente mayor. Personas respetuosas, empáticas, flexibles y con un poco de afinidad con las personas mayores. Y disponer de tiempo, cada uno el que quiera, porque si se adquiere una obligación demasiado alta se acaba dejando. Luego casi todos tenemos experiencia de cuidar mayores por el cuidado que hemos hecho de nuestros propios familiares. La nuestra es una cultura en que las familias todavía están bastante conectadas, se han ocupado de padres o abuelos.

-Cada vez son más los mayores que en lugar de con su familia están en una residencia, ¿está cambiando esa cultura?

-Todos hemos tenido algún referente de nuestros padres y madres, de cuidar a los abuelos, y eso está cambiando. Nuestra sociedad se va volviendo cada vez más individualista. El proyecto “Voluntarios contra la soledad” tiene que ver con esa tendencia: la gente tienden a quedarse aislados y desconectados; en el proyecto tratamos de ayudar a quienes se han quedado solos. Bien porque no tenían hijos u otra familia, porque están lejos y no se pueden ocupar…

Como psicóloga también trabaja en zonas urbanas, ¿aprecia algún cambio en este fenómeno respecto al ámbito rural?

-En una residencia por suerte o por desgracia satisfacen las necesidades básicas, pero la mayoría están un poco lejos de proporcionar también una red social, actividades culturales y una estimulación adecuada. Esto aquí se da cuando se da. Cuando está en su casa, en el medio rural sí tiene más apoyo de los vecinos, pero cuando tiene que salir a una residencia sucede casi al revés, quedan un poco desconectados.

¿Necesitamos, como sociedad, avanzar en la consideración hacia los mayores?

-Sí, es una asignatura pendiente. Por un lado desde lo público, porque a duras penas conseguimos que los ancianos que están solos tengan ayuda: en las residencias no hay plazas para ellos y no hay mucha consideración. La sociedad es cada vez más individualista, la gente tiene muchas ocupaciones, están muy agobiados con las actividades diarias y los ancianos requieren un tiempo del que ya no se dispone. En ese sentido no sé si llamarlo abandono o dejación, es relegar de alguna forma a la gente mayor. La sociedad también es hiperproductiva: la juventud es lo que prima y, según cómo, a partir de los 65 ya no vales para nada.

El proyecto arrancó a principios de junio, ¿qué desarrollo ha tenido hasta la fecha?

-Hay unos dieciocho voluntarios en la asociación. Es muy pronto todavía, llevamos unos meses, y así como a nivel público no hemos tenido mucha respuesta, sí la está habiendo desde las residencias. Quizás sea más sencillo, quizás estén incluso más necesitados. Como comentaba antes, muchos vienen de los pueblos de alrededor, no están en su entorno, y otros están limitados de movimientos. A la gente que vive sola en su casa es más difícil llegar, pero en las residencias sí que se está cumpliendo una función. Ya hay unos turnos hechos y la gente espera cada semana las visitas de los voluntarios. Con cada persona hay dos, de tal forma que si uno falla por cualquier cosa el anciano no se quede sin la visita y tampoco vaya una persona que desconoce. Tampoco se trata de ocupar el tiempo por ocuparlo, en el proyecto se crean vínculos que hay que cuidar también.

¿Qué piden los mayores a los voluntarios, qué necesitan?

Demandan cosas diferentes, pero hay una proporción muy grande que están esperando por la visita porque quieren salir. Algunos quieren que se les saque a pasear fuera de la residencia, lo tienen clarísimo. Quieren ir a dar una vuelta, bajar al mercado de Llanes el martes, ir a hacer algún recado, echar la primitiva o tomar un café. Hay otros que no tienen tanta movilidad y aprovechan para charlar, establecer un contacto; otros quieren alguna actividad de juego… Y luego que se les escuche, quieren hablar. Por ejemplo hay una señora que vivió muchísimos años en Francia y ahora lo que quiere es cantar “La Marsellesa”, siempre recibe a los voluntarios así. Ahí hace gran labor Carlos Rueda, que es el coordinador de los voluntarios. Yo contribuyo desde un aspecto más técnico, pero quien se ocupa de toda la logística, de encajar a los voluntarios con los mayores y cuadrar los horarios es él.

Como terapeuta familiar, ¿cómo ha visto cambiar los problemas de las familias y niños que llegan a su consulta?

-Sobre todo a nivel de familia los problemas con los niños están fundamentalmente relacionados con la atención, el control, los límites y las normas. Las familias tienen grandes dificultades para dedicarles tiempo y eso también tiene unos problemas añadidos que van saliendo cuando van siendo mayores. Pero creo que más o menos es la dinámica de hace unos diez o quince años para aquí.

¿Es necesario parar un poco el motor y ver lo que está sucediendo tanto con los mayores como con los niños?

-Es lo que pasa a todos los niveles: vivimos muy a prisa y las relaciones se resienten. Da lo mismo hacia los mayores que hacia la pareja o los niños. Tenemos una energía limitada y si dedicamos a unas cosas no puedes dedicarla a otras. Ahora importa mucho lo económico y estamos muy atados por la cuestión productiva, por el trabajo y la ocupación. Esto nos lleva una parte de energía muy grande.

¿Recomienda priorizar?

-Lo más importante es ser conscientes de que tenemos una energía limitada. Uno de los problemas que cada vez veo más son el estrés y la ansiedad y buena parte viene dado porque aspiramos a llegar a todo. Ser conscientes de que hay que repartir la energía, de que no podemos ser tan ambiciosos de querer hacerlo todo haría que viviésemos un poco más despacio y menos estresados. Nos pasa mucho a las mujeres, que queremos estar en veinte cosas y desarrollamos unos cuadros de estrés terribles. Están aumentando básicamente los cuadros de estrés clínico, no el de “qué estresada estoy hoy”.

 

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